Alejandro Garcés H.
ene
13

¿A quién pedir permiso...?

Enviado por Alejandro Garcés H. el 13/01/2011 a las 18:35

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¿A quién pedir permiso para estar en la calle? ¿Quién dice qué y cómo hacer en ella? ¿Quién dice quiénes?
“El uso del espacio público en forma permanente es una falta municipal…” dijo en octubre de 2008 un conocido político y candidato a alcalde de la comuna de Santiago en el marco de la última campaña electoral municipal. El candidato declaró respecto a la presencia de los migrantes peruanos en algunas calles del centro de la ciudad, en un periódico de circulación nacional y en medio de una polémica con los demás candidatos.
Esta presencia, concentrada, notoria, de gran visibilidad en el espacio urbano de la capital presenta múltiples dimensiones de consecuencias sociales, económicas y políticas, y en general introduce un alto, una discontinuidad, un accidente en el pretendidamente indiferenciado espacio de Santiago. En este caso, la ocupación permanente del espacio público por parte de la migración peruana marca una forma de integrarse en la ciudad, construyendo un sentido de comunidad.
La mayor parte de la población mapuche vive en las ciudades, en particular Santiago. Sin embargo, a diferencia de la migración peruana no vemos aquí concentraciones en el espacio público, su presencia resulta invisible, las redes sociales que permiten su sobrevivencia parecen ocultas, sumergidas, avergonzadas. Quizás están recluidos en espacios privados, residiendo en espacios urbanos de comunas periféricas de la ciudad, intermitente o periódicamente llamados a participar de ritos y festividades, estando, pero sin estar, al menos en la ciudad son anónimos para la autoridad.
La trayectoria discontinua de prácticas sociales como las del graffiti, con la diversidad de movimientos y diferenciaciones internas, con un ‘mítico’ origen en las poblaciones pobres del Gran Santiago, se desplaza en la actualidad hacia otras formas de expresión que le hacen coquetear con el arte o fundirse con él, manteniéndole en un constante flujo que va y viene entre los márgenes sociales y los centros dominantes que marcan modas y nuevos consumos. ¿Qué conflictos y qué modos de resolverlos se articulan al interior de estos movimientos de graffiteros? ¿Qué tolerancias, qué negociaciones, que represiones se producen en reacción desde los poderes públicos y los medios de comunicación?
Son todas interrogantes acerca de las distintas formas en que aparecen los grupos sociales en la ciudad, a veces ocultos, a veces expuestos, en alguna ocasión reprimidos y en otras ignorados, estos marcan notoriamente aquello que constantemente se olvida; que la ciudad opera como una máquina de producir a individuos y grupos diferentes. 
La antropología históricamente exploró la construcción de diferencias en espacios lejanos, hoy en día se torna con decisión a observar los espacios cercanos, tan próximos como puede ser la próxima esquina o los barrios que cruzamos cuando vamos a la escuela o al trabajo. En Chile, lentamente “lo urbano”, casi como sinónimo de lo contemporáneo, capta la atención especialmente de las generaciones jovenes de antropólogos, aún en pocos espacios (como es la plataforma de internet www.cultura-urbana.cl) se discute sobre la diversidad al interior de nuestros espacios urbanos y lo que puede aportar la antropología para identificar cómo se ocupan las calles. 

¿A quién pedir permiso para estar en la calle? ¿Quién dice qué y cómo hacer en ella? ¿Quién dice quiénes?.

“El uso del espacio público en forma permanente es una falta municipal…” dijo en octubre de 2008 un conocido político y candidato a alcalde de la comuna de Santiago en el marco de la última campaña electoral municipal. El candidato declaró, respecto a la presencia de los migrantes peruanos en algunas calles del centro de la ciudad, en un periódico de circulación nacional y en medio de una polémica con los demás candidatos.

Esta presencia, concentrada, notoria, de gran visibilidad en el espacio urbano de la capital presenta múltiples dimensiones de consecuencias sociales, económicas y políticas, y en general introduce un alto, una discontinuidad, un accidente en el pretendidamente indiferenciado espacio de Santiago. En este caso, la ocupación permanente del espacio público por parte de la migración peruana marca una forma de integrarse en la ciudad, construyendo un sentido de comunidad.

La mayor parte de la población mapuche vive en las ciudades, en particular Santiago. Sin embargo, a diferencia de la migración peruana no vemos aquí concentraciones en el espacio público, su presencia resulta invisible, las redes sociales que permiten su sobrevivencia parecen ocultas, sumergidas, avergonzadas. Quizás están recluidos en espacios privados, residiendo en espacios urbanos de comunas periféricas de la ciudad, intermitente o periódicamente llamados a participar de ritos y festividades, estando, pero sin estar, al menos en la ciudad son anónimos para la autoridad.

La trayectoria discontinua de prácticas sociales como las del graffiti, con la diversidad de movimientos y diferenciaciones internas, con un ‘mítico’ origen en las poblaciones pobres del Gran Santiago, se desplaza en la actualidad hacia otras formas de expresión que le hacen coquetear con el arte o fundirse con él, manteniéndole en un constante flujo que va y viene entre los márgenes sociales y los centros dominantes que marcan modas y nuevos consumos. ¿Qué conflictos y qué modos de resolverlos se articulan al interior de estos movimientos de graffiteros? ¿Qué tolerancias, qué negociaciones, que represiones se producen en reacción desde los poderes públicos y los medios de comunicación?

Son todas interrogantes acerca de las distintas formas en que aparecen los grupos sociales en la ciudad, a veces ocultos, a veces expuestos, en alguna ocasión reprimidos y en otras ignorados, estos marcan notoriamente aquello que constantemente se olvida; que la ciudad opera como una máquina de producir a individuos y grupos diferentes. 

La antropología históricamente exploró la construcción de diferencias en espacios lejanos, hoy en día se torna con decisión a observar los espacios cercanos, tan próximos como puede ser la próxima esquina o los barrios que cruzamos cuando vamos a la escuela o al trabajo. En Chile, lentamente “lo urbano”, casi como sinónimo de lo contemporáneo, capta la atención especialmente de las generaciones jovenes de antropólogos, aún en pocos espacios (como es la plataforma de internet www.cultura-urbana.cl) se discute sobre la diversidad al interior de nuestros espacios urbanos y lo que puede aportar la antropología para identificar cómo se ocupan las calles. 

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